¿CONDICIÓN FÍSICA O INTELIGENCIA TÁCTICA?

Vamos a comentar la importancia de conocer las reglas de competición, así como saber hacer un buen uso de ellas en pos del beneficio personal.

El kumite deportivo, tal como hoy día existe, está basado en unas normas a nivel mundial, llamadas WUKO, cuyos objetivos son:

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a-     Preservar la integridad física de los competidores.

b-     Premiar la dificultad de realización de las diversas técnicas.

c-      Conseguir competidores con cualidades atléticas.

d-     Mejorar la calidad de espectáculo de cara al público.

e-     Penalizar a quien quede obsoleto o con falta de principios morales y éticos.

 

 

La forma física es importante, al igual que la resistencia al desgaste de la duración de un combate. No hay que olvidar la necesidad de dominar una amplia variedad de técnicas, su correcta ejecución, actitud deportiva, aplicación vigorosa, zanshin, tiempo apropiado y distancia correcta, son condiciones indispensables para conseguir puntuar. Parece ser que cada vez más se pretende formar a deportistas con grandes capacidades atléticas; una especie de supehombres.

Pero todo esto no sirve de nada si no nos ceñimos al reglamento. No es mejor competidor aquel que tiene mejores cualidades físicas o técnicas, sino aquel que teniéndolas, sabe hacer uso correcto de las normas, adaptando su táctica a las necesidades del combate, y aprovechar dichas normas en beneficio propio.

Pondremos algunos ejemplos para entender mejor el concepto.

Un competidor que esté perdiendo 4-1 a falta de 5 sg del final, sería inútil intentar marcar con un tsuki aunque lo hiciera en la espalda. Es necesario tener la suficiente sangre fría para provocar la situación idónea y realizar o al menos intentar una técnica sanbon. En este caso, le daría igual perder por 4-1 que por 4-2 por lo que tiene que arriesgar a realizar un sanbon.

Otro ejemplo sería un competidor que gana 2-0, en los últimos 10 sg no le importaría que lo amonestaran con un keikoku por rehusar el combate, o provocar un jogai, si con ello gana el tiempo suficiente para que suene el silbato final. Sería descabellado querer marcar más puntos, arriesgando una posible anticipación o contraataque, a no ser que su superioridad técnica le diera una confianza absoluta para seguir atacando igual que si tuviera que remontar el encuentro.

Realizar técnicas nulas que impiden un ataque contrario son otra forma de anular la posibilidad de ser marcado y al mismo tiempo no ser penalizado por rehuir el combate.

Un ejemplo claro lo tenemos en la final open kumite de los campeonatos del mundo celebrados en Tenerife, año 2005, entre Iván Leal y Aghayev. Iván tiene muy depurado su gyako tsuki jodan en anticipación. La pega es que Aghayev es mucho más rápido en un ataque directo. Por ese motivo, la táctica de anticipación la debería recortar un poco, al meterse el contrincante tan rápido en su zona de seguridad. Al producirse el encontronazo entre ambos, Iván contacta y es penalizado con chukoku de 1ª categoría. A partir de ahí, debería replantearse trabajar a nivel chudan. No lo hizo y volvió a contactar, penalizándole un keikoku que en ese momento hizo declinar el marcador. Ese fue el momento en el cual tuvo que replantear una nueva táctica donde no se encontraba cómodo y por ello realizó otros fallos que le llevaron a la derrota.

Es difícil en 3 minutos y bajo la presión del contrario, poder pensar con claridad y saber adecuar una táctica nueva. Los competidores de alto nivel, como es el caso expuesto, lo saben y lo entrenan, pero aún así, a veces también cometen fallos.

La táctica a emplear en un combate de kumite deportivo ha de estar supeditada a las reglas que rigen la competición, y el competidor que sea más hábil (hablando en condiciones que ambos contendientes tengan similares habilidades técnicas), será el que mayores probabilidades de éxito tendrá. No solo hay que ser físicamente cualificado, sino que la inteligencia en la elaboración de la táctica es la llave de quien desee llegar a lo alto del podio.

 

          Sensei Daniel Tchey