MÁS ALLÁ DEL KURO OBI

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Es cotidiano ver en nuestro alrededor a practicantes que después de algunos años de entrenamiento alcanzan su deseado y reconocido cinto negro. Una meta ansiada por muchos que les representa el triunfo de esa carrera en el Dojo.

Cuántas veces vemos a estos karatecas abandonar su docencia entendiendo haberla finalizado con dicho color. Sin embargo nada más lejos de la realidad.

En el momento que su Sensei les indica que es ahora cuando empieza el camino, y que todo lo anterior fue una puesta a punto para poder iniciarlo, les cambia el rostro con un estado de decepción que aboca a gran mayoría a la rendición. Unas palabras que podrían ser una motivación a la superación y por desgracia en multitud de ocasiones, una barrera a la psicología individual de cada uno.

Aquellos que perseveran en su práctica y estudio, con el tiempo adecuado consiguen nuevos grados que irán sumando. Posiblemente objetivos a alcanzar que satisfacen ese YO insaciable, pero en su esencia, un camino natural a seguir que da sus frutos en los recodos que recorremos.

Una vez alcanzado el Godan, el siguiente paso por su naturaleza es un grado especial; un grado que abre una nueva puerta a la maestría y que así se reconoce con una diferencia en el colorido de su cinto.

De este nuevo estado vamos a tratar, pero antes debemos conocer un poco el origen para entender mejor su evolución.

Sabemos que la etiqueta en el karate viene muy marcada por la experiencia del maestro Gichin Funakosi cuando realizó en 1917 su frustrada primera exhibición en el Butokuden de Kyoto, donde entendió que un arte debía tener orden, metodología y etiqueta. Fue el gran maestro Jigoro Kano quien le mostró un sistema de grados utilizados en Judo y que posteriormente, en 1935 ampliaron con los colores que hoy conocemos. De este arte es de donde el Karate quedó influenciado para su etiqueta y sistema de graduación, y así es como con el tiempo nos ha llegado la escala de rangos desde blanco hasta décimo dan.

Si bien es cierto que en Judo tienen asimilada la cinta roja-blanca desde 6º hasta 8º dan, y la roja para 9º y 10º dan, en Karate vemos que muchos maestros pueden llevarla o no, y tal motivo nos hace pensar que mostrar la oficialidad del cinto queda a merced del individuo en cuestión.

Pero siguiendo el hilo del tema a tratar, una vez llegados a las puertas del Rokudan, ese cambio de color refleja algo más.

Nos remontamos a la bandera conocida por el nombre de Nisshoki (bandera del sol en forma de disco) o Hinomaru (disco solar), que el imperio del Japón estableció en 1870 con fondo blanco y círculo rojo en su centro. Estos colores simbolizan el sol y la luna. Ambos representan el Yang y Yin, el lleno y el vacío; colores muy especiales en la mentalidad nipona.

Anteriormente a esta y basándose en los mismos colores, hubo la que simbolizara el sol naciente durante el periodo Edo (1603-1868) y que hoy día siguen utilizando en su armada como bandera militar. No cabe duda la similitud existente con el grado Rokudan y que más adelante matizaremos.

Nisshoki o Hinomaru

Sol naciente

 

 

Tras ver estas banderas, comprobamos que hay un paralelismo entre el concepto respetuoso hacia la vida (Sol y Luna) como un Todo dentro del círculo, y la bandera que usó la dinastía Ming (1368-1644), donde casualmente figuraban los kanjis de estos elementos. Una curiosidad que se trasladó a Okinawa como símbolo del Meibukan en Goju Ryu y que también en parte utilizó Shito Ryu en su emblema.

Dinastía Ming (Sol-Luna)

Menbu Kai

Shito Ryu

 

Del mismo modo, quedan influenciados por los colores y formas circulares niponas, los emblemas que más adelante tomará el Shotokan, la conocida JKA o nuestra bien amada AEKA por citar algunos ejemplos.

 

Shotokan

JKA

AEKA

 

Después de lo visto, probablemente el cambio de color a partir de Rokudan sea también alentado por el vasto periodo que el cinto negro ha estado colgado en nuestra cintura desde que fuimos Shodan. Un periodo donde el tiempo ha desgastado sus entre hilos y dejado entrever un blanco de fondo al igual que si rascáramos la pintura de un cuadro quedando al descubierto la blancura del lienzo. Es hora de darle un relevo a este colega que nos ha acompañado en miles de horas de entrenamiento y sobre ese aflorado fondo blanco, plasmar pinceladas de rojo; el color del amor y la pasión por este arte; el color del coraje y del fuego; el color de la maestría y el conocimiento.

El rojo es un color muy apreciado en Japón. Atrae la energía y la salud; por eso se le atribuyen poderes curativos.

El blanco tiznado de rojo representa honor y perseverancia en un largo e intenso camino donde la fuerza y voluntad humana han quedado plasmadas. Toda una vida de aprendizaje para formar cuerpo y mente en un solo YO repletos de valores.

Una vez un karateca preguntó a su Sensei: “¿Cuál es la diferencia entre un hombre del Do y un hombre insignificante?.

Su Sensei le respondió: Cuando el hombre insignificante recibe el primer Dan, corre rápidamente a su casa gritando a todos el hecho. Después de recibir su segundo Dan, escala el techo de su casa y lo grita a todos. Al obtener el tercer Dan, recorrerá la ciudad contándoselo a cuantas personas encuentre”, y continuando su explicación prosiguió: “Un hombre del Do que recibe su primer Dan, inclinará su cabeza en señal de gratitud; después de recibir su segundo Dan, inclinará su cabeza y sus hombros; y al llegar al tercer Dan, se inclinará hasta la cintura, y en la calle, caminará junto a la pared, para pasar desapercibido. Cuanto más grande sea la experiencia, habilidad y potencia, mayor será también su prudencia y humildad.”

Ahora que entendemos un poco mejor el sentido del rojo sobre el blanco, podremos imaginar la grandeza del AKA OBI, o cinto rojo reservado para deidades a partir del noveno dan.

 

Daniel Tchey

6º et RFEK

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