PLURIDIMENSIONALISMO DEL KARATE-GOSHIN-DO

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El Karate ha pasado desde sus inicios por diversas fases donde bien algunos pueden pensar que ha sido desvirtuado, mientras otros entienden una amplitud que nos ofrece mayor diversidad.

No es cuestión de juzgar en este artículo ni mostrar preferencia alguna, si bien considerar que sus orígenes fundamentaron esta práctica con el fin de la autodefensa. Cabe pensar en aquellos tiempos donde las continuas guerras y enfrentamientos daban poco valor a la vida ajena, y la separación entre la vida y la muerte, apenas distaba de una simple actitud, opinión, pensamiento o acto reflejo.

Eran momentos delicados donde primaba la supervivencia antes que la acción ofensiva; y digo esto porque el practicante de Karate, debía saber defender antes que atacar.

Go tiene el significado de defender, mientras que Shin hace referencia al cuerpo humano como materia. El sufijo Do nos muestra la vía para llegar a ese objetivo.

Al unir todos los conceptos, obtenemos el Karate-Goshin-Do, es decir, el camino de la autodefensa con las manos vacías.

Entendiendo este concepto, es fácil comprender que los maestros prefiriesen enseñar prioritariamente las técnicas de defensa antes que las de ataque, pues de este modo salvaguardan en un mayor porcentaje sus puntos vitales, intentando arriesgar en combate lo mínimo posible, ya que cualquier error se pagará con la vida.

Dichas defensas deberán convertirse en ataques y mermar las capacidades del contrario. De este modo, podremos inclinar la balanza a nuestro favor para esperar el momento oportuno y asestar el golpe de gracia.

Vemos cierta similitud con el segundo precepto del maestro Gichin Funakoshi que reza “Karate ni sente nashi” 1 (en el Karate no hay un primer ataque), haciendo parábola con el sentido de defensa como primera intención.

Continuando con el hilo del artículo, el artista marcial debía profesionalizarse al máximo en todos los planos del Karate-Goshin-Do, traspasando el umbral del simple aprendiz para entrar en el campo pluridimensional.

La técnica y la condición física quedan en la primera dimensión, donde los pupilos inexpertos comienzan a integrar a base de repeticiones, las técnicas básicas mientras fortalecen su cuerpo. Con tiempo y constancia, podrán adentrarse en una dimensión posterior con el dominio de la distancia (maaï), equilibrio, ritmo y cadencia (hyoshi)2, y posteriormente con la práctica continuada, llegar una última y elevada dimensión del estado mental donde podrán intuir o prever los movimientos del contrario (yomi), de forma que la mente actúe sin frenar al cuerpo; que ambos se complementen y sean uno. En esta dimensión especial se encuentra el sakki (vaticinar con cierta antelación la voluntad o intención de matarte por parte de otro).

Aquí cabe la cita del maestro de la espada Takano Sazaburo: “No ganas después de haber golpeado; golpea después de haber ganado”. Aduce a que tras dominar el maaï, hyoshi y yomi, estás en situación ventajosa; eres el ganador potencial. Es el momento de golpear.

A diferencia de tiempos actuales, donde un error puede subsanarse con estrategias posteriores y donde al acabar el combate, se resetea el marcador para comenzar de cero, aquellos guerreros no tenían cabida en su vocabulario la palabra “error”. Con un descuido podían perder su brazo, y en caso de conseguir aun así la victoria, el siguiente encuentro lo iniciarán con un solo brazo.

Por supuesto queda una última dimensión que es la ideal de la maestría; aquella que consigue la victoria sin combatir. Una actitud (física o mental), un gesto, unas palabras o la simple mirada que obligue al contrario a desestimar su intención de agresión. Algo reservado a unos pocos.

Como curiosidad, mencionar el arte del Muto (mu “sin”, to “espada”), con la finalidad de que un guerrero no puede depender su victoria o derrota de su habilidad con la espada, pues en caso de ser arrebatada, quedaría expuesto a la más cruel de las fatalidades. Será necesario saber luchar a mano desnuda contra la espada, controlar la distancia que favorece al oponente, bloquear severamente su empuñadura en tiempo y forma, y conocer las técnicas de desarme para hacerse con la espada contraria. Vemos aquí la semejanza con el Karate que busca un objetivo afín; sacar partido de una situación desfavorable (en este caso con las manos desnudas o vacías) en lugar de hundirse psicológicamente y dar por perdido el encuentro. Si tuviera que asignarle un calificativo, sin duda sería la resiliencia.

He aquí unas breves pinceladas del arte del Karate-Goshin-Do que nos hacen entender su proceso de aprendizaje así como cuán dura era la vida y entrenamiento de nuestros ancestros guerreros y cómo debían profundizar en dimensiones ocultas que rozan el misticismo con el propósito de sobrevivir y defender una causa. Un propósito que con la práctica les enriquece y fortalece su interior; su espíritu.

 

  1. Se ha generalizado el sentido de este precepto como el estado de tranquilidad ante una posible agresión, donde inicialmente no debemos participar activamente en un intento de no alentar el grado de violencia, pero sin embargo, debemos permanecer atentos a su posible embestida (zanshin) y llegado el momento, reaccionar con total seguridad, eficacia y garantía de éxito.
  2. No solamente cabe mejorar nuestro maaï o hyoshi, sino que además deberá analizar los del oponente y adaptar los propios según las necesidades en cada momento del combate.

 

Daniel Tchey – 6º Dan RFEK

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