Examen 2º Dan – WAZAS –

Ejemplo de Wazas para examen nidan según los criterios oficiales de la Normativa del Tribunal de Grados de la R.F.E.K. y D.A.

 




EL ÁRBOL LEÑADOR

En ocasiones se ha comparado al Karate con los árboles; una fuerte raíz que simboliza la técnica base y su arraigo al arte marcial (KIHON), un poderoso tronco representando el KATA como soporte para el desarrollo del Karate, y unas ramas que se desgranan en otras como es el BUNKAI, que analiza la desconstrucción de cada técnica para su estudio y posibles aplicaciones.

Este tipo de símil forma una bella alegoría que reúne un conjunto de asociaciones metafóricas para ensalzar el concepto del Karate.

Sin embargo, la vasta amplitud del Karate en sus diversas tipologías de docencia, de maestros, de estilos y escuelas, nos enseña que del mismo modo, existen infinidad de árboles catalogados en sus diferentes variedades y familias; y en nuestro deambular por la vida, encontraremos muchos y muy variopintos que debemos observar para saber cómo actuar.

Podemos encontrar árboles con escasa raíz, que quedan a merced del capricho del viento. Son escuálidos y sin fundamento, y a poco que los contemples, puedes cerciorarte de su debilidad. Un árbol con vida limitada que tiene un corto camino a recorrer. Un karate sin DO.

Existen otros cuya única opción es crecer a lo alto. Quieren llegar pronto al cielo y tocar las nubes, pero son árboles sin sombra; más parecidos a un frío poste que a aquello que podemos entender conceptualmente como un árbol. Personas que erróneamente se autodefinen como maestros con estilos de enseñanza deformadas que desean a toda costa progresar sin tener sus pies en la tierra. Anteponen el interés personal al general.

Otros, tristemente a mi pesar, no ofrecen hojas al viandante. Tampoco fruto alguno, pues su tronco está hueco. Nada pueden aportar salvo estar ahí. No dañan pero no sirven.

De todos ellos, hay que cuidarse del más peligroso. Yo le llamo el árbol leñador. Una especie trepadora cuya apariencia es sólida con una copa rebosante de frondoso y verde follaje. Atractivo a la vista. Bello para fotografiarse junto a él. El árbol que todos quisiéramos en nuestro jardín y que enarbola (nunca mejor dicho) la bandera de la honestidad.

Pero hay que conocerlo bien, y el tiempo nos ayuda a descubrir que sus raíces se propagan en el subsuelo, donde nadie puede verlas, en busca de otras metas sin importarle arrasar cultivos y hogares; sin cuestionar si su pretendida expansión traspasa los límites del respeto o del honor.

Suele actuar con alevosía al ganarse la confianza del prójimo, quien baja su guardia y desatiende su zanshin (algo que nunca un artista marcial debe perder pero que en ocasiones lo hace por mostrar su confianza y amistad).

Sus ambiciosas ramas crecen a lo ancho y alto en favor de satisfacer su egocentrismo. Será audaz al introducirse por tu ventana, entrar en tu hogar y enturbiar tu paz. Capaz de asfixiar con sus hojas la libertad y el oxígeno de otros aledaños árboles, compañeros suyos que tuvieron la desgracia de crecer en un lugar cercano. Una invasión a tu privacidad, sin respeto, sin empatía, sin compasión. Un leñador que tala a sus compañeros sin tipo alguno de remordimiento. Todo lo contrario al verdadero sentido del KARATE DO.

Mi consejo es que sigas siendo un buen árbol. No por ello cambies tu esencia; tu YO interior. Dale entre tus ramas, cobijo al ave perdida,  frescor al acalorado visitante y fruto al hambriento paseante amigo.

Puede que algún día crezca cerca de ti uno de estos árboles o bien en tu andanza te cruces con un leñador, pero no deberás dejar de ofrecerle tu sombra, porque al fin y al cabo, tu camino es ser un buen árbol.

Daniel Tchey – 6º Dan RFEK




MÁS ALLÁ DEL KURO OBI

Es cotidiano ver en nuestro alrededor a practicantes que después de algunos años de entrenamiento alcanzan su deseado y reconocido cinto negro. Una meta ansiada por muchos que les representa el triunfo de esa carrera en el Dojo.

Cuántas veces vemos a estos karatecas abandonar su docencia entendiendo haberla finalizado con dicho color. Sin embargo nada más lejos de la realidad.

En el momento que su Sensei les indica que es ahora cuando empieza el camino, y que todo lo anterior fue una puesta a punto para poder iniciarlo, les cambia el rostro con un estado de decepción que aboca a gran mayoría a la rendición. Unas palabras que podrían ser una motivación a la superación y por desgracia en multitud de ocasiones, una barrera a la psicología individual de cada uno.

Aquellos que perseveran en su práctica y estudio, con el tiempo adecuado consiguen nuevos grados que irán sumando. Posiblemente objetivos a alcanzar que satisfacen ese YO insaciable, pero en su esencia, un camino natural a seguir que da sus frutos en los recodos que recorremos.

Una vez alcanzado el Godan, el siguiente paso por su naturaleza es un grado especial; un grado que abre una nueva puerta a la maestría y que así se reconoce con una diferencia en el colorido de su cinto.

De este nuevo estado vamos a tratar, pero antes debemos conocer un poco el origen para entender mejor su evolución.

Sabemos que la etiqueta en el karate viene muy marcada por la experiencia del maestro Gichin Funakosi cuando realizó en 1917 su frustrada primera exhibición en el Butokuden de Kyoto, donde entendió que un arte debía tener orden, metodología y etiqueta. Fue el gran maestro Jigoro Kano quien le mostró un sistema de grados utilizados en Judo y que posteriormente, en 1935 ampliaron con los colores que hoy conocemos. De este arte es de donde el Karate quedó influenciado para su etiqueta y sistema de graduación, y así es como con el tiempo nos ha llegado la escala de rangos desde blanco hasta décimo dan.

Si bien es cierto que en Judo tienen asimilada la cinta roja-blanca desde 6º hasta 8º dan, y la roja para 9º y 10º dan, en Karate vemos que muchos maestros pueden llevarla o no, y tal motivo nos hace pensar que mostrar la oficialidad del cinto queda a merced del individuo en cuestión.

Pero siguiendo el hilo del tema a tratar, una vez llegados a las puertas del Rokudan, ese cambio de color refleja algo más.

Nos remontamos a la bandera conocida por el nombre de Nisshoki (bandera del sol en forma de disco) o Hinomaru (disco solar), que el imperio del Japón estableció en 1870 con fondo blanco y círculo rojo en su centro. Estos colores simbolizan el sol y la luna. Ambos representan el Yang y Yin, el lleno y el vacío; colores muy especiales en la mentalidad nipona.

Anteriormente a esta y basándose en los mismos colores, hubo la que simbolizara el sol naciente durante el periodo Edo (1603-1868) y que hoy día siguen utilizando en su armada como bandera militar. No cabe duda la similitud existente con el grado Rokudan y que más adelante matizaremos.

Nisshoki o Hinomaru

Sol naciente

 

 

Tras ver estas banderas, comprobamos que hay un paralelismo entre el concepto respetuoso hacia la vida (Sol y Luna) como un Todo dentro del círculo, y la bandera que usó la dinastía Ming (1368-1644), donde casualmente figuraban los kanjis de estos elementos. Una curiosidad que se trasladó a Okinawa como símbolo del Meibukan en Goju Ryu y que también en parte utilizó Shito Ryu en su emblema.

Dinastía Ming (Sol-Luna)

Menbu Kai

Shito Ryu

 

Del mismo modo, quedan influenciados por los colores y formas circulares niponas, los emblemas que más adelante tomará el Shotokan, la conocida JKA o nuestra bien amada AEKA por citar algunos ejemplos.

 

Shotokan

JKA

AEKA

 

Después de lo visto, probablemente el cambio de color a partir de Rokudan sea también alentado por el vasto periodo que el cinto negro ha estado colgado en nuestra cintura desde que fuimos Shodan. Un periodo donde el tiempo ha desgastado sus entre hilos y dejado entrever un blanco de fondo al igual que si rascáramos la pintura de un cuadro quedando al descubierto la blancura del lienzo. Es hora de darle un relevo a este colega que nos ha acompañado en miles de horas de entrenamiento y sobre ese aflorado fondo blanco, plasmar pinceladas de rojo; el color del amor y la pasión por este arte; el color del coraje y del fuego; el color de la maestría y el conocimiento.

El rojo es un color muy apreciado en Japón. Atrae la energía y la salud; por eso se le atribuyen poderes curativos.

El blanco tiznado de rojo representa honor y perseverancia en un largo e intenso camino donde la fuerza y voluntad humana han quedado plasmadas. Toda una vida de aprendizaje para formar cuerpo y mente en un solo YO repletos de valores.

Una vez un karateca preguntó a su Sensei: “¿Cuál es la diferencia entre un hombre del Do y un hombre insignificante?”.

Su Sensei le respondió: “Cuando el hombre insignificante recibe el primer Dan, corre rápidamente a su casa gritando a todos el hecho. Después de recibir su segundo Dan, escala el techo de su casa y lo grita a todos. Al obtener el tercer Dan, recorrerá la ciudad contándoselo a cuantas personas encuentre”, y continuando su explicación prosiguió: “Un hombre del Do que recibe su primer Dan, inclinará su cabeza en señal de gratitud; después de recibir su segundo Dan, inclinará su cabeza y sus hombros; y al llegar al tercer Dan, se inclinará hasta la cintura, y en la calle, caminará junto a la pared, para pasar desapercibido. Cuanto más grande sea la experiencia, habilidad y potencia, mayor será también su prudencia y humildad.”

Ahora que entendemos un poco mejor el sentido del rojo sobre el blanco, podremos imaginar la grandeza del AKA OBI, o cinto rojo reservado para deidades a partir del noveno dan.

 

Daniel Tchey

6º dan RFEK




KATA: UN CONCEPTO DIFERENTE

Desde bien iniciados en nuestro andar por el camino del Karate, aprendimos a relacionar el concepto KATA con el significado FORMA, entendiendo tal definición como un conjunto de movimientos técnicos preestablecidos que realizados en una determinada disposición, interpretan la batalla ante uno o varios adversarios imaginarios.

Esta definición, no carente de verdad, ofrece una interpretación a priori que puede satisfacer la curiosidad del iniciado. Sin embargo, KATA es un concepto cuya amplitud se puede transponer a diversas vivencias de nuestro día a día.

KATA es orden. Hemos comentado los movimientos preestablecidos. Así es, ya que la improvisación no está contemplada en la cultura tradicional nipona. Éste es el orden que podemos vislumbrar, sin apartar la vista a la belleza que conlleve el mismo proceder y su establecida ordenación.

KATA es sentimiento. Expresar con nuestras acciones aquello que interiorizamos es abrir la puerta del yo interno para que otros puedan disfrutar lo gestado en la mente y corazón del ejecutor.

KATA es buen hacer. Mezclar orden y sentimiento da por resultado una obra bella, al menos será esa la intención del hacedor; mostrar algo bueno que roce la excelsitud. Trata de convertir en arte lo mundano; lo ordinario.

Podríamos añadir múltiples definiciones que reforzaran la idea que deseo plasmar, sin embargo, creo que éstas son suficientes para entender la dirección que el texto pretende tomar.

Basándonos en las referencias expuestas, bien podríamos extrapolar el KATA a otras artes que me vienen a la mente y que levemente enunciaré algunas como ejemplos:

IKEBANA (arte del arreglo floral), donde se busca una dirección ascendente de sus flores y ramas mientras éstas se agrupan en 3 conjuntos (cielo, tierra y hombre) formando un triángulo escaleno; una ceremonia realizada en el más estricto silencio.

HIAKU (arte de la poesía), compuestas por poemas de 17 sílabas ordenadas en 3 versos de 5, 7 y 5 sílabas respectivamente que hacen referencia a una estación del año.

SHODO (arte de la caligrafía), practicado con un pincel, un tintero y una barra de tinta con necesaria gran precisión para escribir según un orden preestablecido en cada trazo.

SADO (ceremonia del té) que no solo cuida la selección de determinada clase de té, sino que abarca conocimientos de los gestos y posturas adecuadas, vestimenta tradicional, frases que se deben utilizar o forma apropiada para hacer y tomar el té, añadiendo para purificar, agua en el camino que conduce al lugar de celebración donde seguidamente se entrará de rodillas. Todo envuelto en un entrono tranquilo que facilite el espíritu de la ceremonia para unificar los 5 elementos: el metal de la tetera, la madera del carbón, la tierra de la cerámica, el fuego que calienta al agua como último elemento convertido en el objetivo final.

KYUDO (arte del tiro con arco). Presta especial atención a cada momento y cada gesto, desde el material con el que está confeccionado el arco y la flecha, hasta el modo de respiración necesario. Todo ello consecuencia de un repertorio de ejercicios mentales que desembocan en los últimos 8 pasos actuantes: abrir piernas, fijar postura, fijar flecha, elevar arco, estirar cuerda, fijar objetivo, soltar flecha y postura final.

Es indudable que los ejemplos expuestos tratan de ceremonias. Todas ellas y muchas más, son ejemplos de KATAS y tienen comunes denominadores donde la concentración integra el cuerpo con la mente, de forma que la consciencia del YO observador, ese YO que busca la perfección y el cómo, se abstraiga para dejar paso al vacío, despojándose del fin en favor de alcanzar la no-consciencia. Dejar de ser dos objetos opuestos para fundirse en una única realidad. Es así como el buen karateca se convierte en KATA. Es así como el florista se convierte en centro floral, el poeta en poesía, el calígrafo en kanji, la anfitriona en té o el arquero en blanco. Un ejercicio más bien espiritual que físico.

Sin embargo, no es del imperio del sol naciente la exclusividad del KATA tal como lo hemos presentado. Lo tenemos alrededor nuestro y seremos nosotros mismos quienes tendremos la opción de transformar lo cotidiano en arte, lo informal en solemnidad, lo habitual en extraordinario.

Por poner un ejemplo aclaratorio, el proceso de levantarse por la mañana hasta que salimos de casa para dirigirnos al trabajo, bien podría considerarse una ejecución de KATA si cada día realizamos las mismas pautas y con el mismo proceder: levantarnos, afeitarnos, ducharnos, vestirnos, desayunar, coger las llaves y portafolios, salir de casa.

Cambiando de tercio, hablo ahora en primera persona por expresar mis propias vivencias y emociones, y equiparar aquí el concepto KATA que tanto he ingerido en mi vida como karateca, con otras facetas de las que plenamente disfruto.

He nacido en Valencia, y a mis 53 años continúo amando mi tierra, su olor de azahar y luz mediterránea. Amo sus costumbres y tradiciones, y sin intención alguna de frivolizar, la paella. Hasta tal punto que un día decidí aprender el modo de hacer una paella tradicional a leña. Dicen, que en el mundo de las paellas, es la más complicada de realizar y fue ese un reto que me invitó a gestar esta empresa.

Para iniciar un KATA (me refiero ahora al arte del Karate), se debe serenar el alma, pues de ello dependerán los movimientos y técnicas que se realicen a continuación, los cuales expresarán a ojo del buen entendedor, tu estado de ánimo. El inicio de la paella requiere afrontar con serenidad la responsabilidad de contentar a los comensales con paladares exquisitos, y será necesario calmar tu interior para proceder a la acción.

La etiqueta es fundamental. Arréglate bien el karategi, tu obi deberá presentar un correcto anudado, tus cabellos limpios y bien peinados, tus manos y pies en perfecto aseo. Así procederemos con el recipiente metálico, limpio, equilibrado y sudado en aceite de oliva, troceada la carne y verdura en tamaños idóneos para su cocción, tomate fresco en pulpa rallado, arroz especial,  agua calcárea en proporción 4 a 1 respecto al arroz, delantal culinario planchado, útiles y leña colocados en adecuado lugar.

Entramos en el tatami y con solemnidad nos colocamos en espacio correcto para no interrumpir el embusen; en musubi dachi realizaremos el saludo inicial. El aceite de oliva sobre el recipiente a dos tercios de la orilla. Salpicar el borde con sal para evitar quemar el recipiente. La leña estará dispuesta. Las cortas que prendan fácil, debajo, y sobre ellas alguna de naranjo más gruesa de la que obtengamos un fuego uniforme. Comienza a arder y el aceite a calentar.

Iniciamos los primeros movimientos, las primeras técnicas, unas pausadas con suaves ritmos respiratorios, como el lento y paciente sofrito de carne; verduras que acompasan después; tomate y pimentón que doran el espectáculo. Otras vivaces, con potentes desplazamientos y explosividad sin parangón que nos llevarán al kiai y podremos liberar tensión que aportará un momento de desahogo. Es la hora de cambiar de llama. Introducir maderos de fácil combustión que eleven la temperatura, que hagan gritar los elementos introducidos para sacarles su ki. Y entonces el agua vendrá y acallará esos sonidos de efusión para volver a la paz.

Pero el KATA continúa, y después del corto pero intenso kiai, viene otra avalancha de técnicas. El fuego se aviva y el agua comienza a bullir. La verdura salta y el azafrán se une a la fiesta.

Nuevos ritmos en el KATA obligan a bajar intensidad, moderar movimientos y así se reduce el nivel del agua mientras mezclan sus sabores los presentes del caldero.

Medimos bien nuestras fuerzas para que la ejecución no decaiga en su transcurso y calculamos simultáneamente el agua restante dejando evaporar solamente una cuarta parte de la introducida.

Llega el momento crucial. Todo puede venirse abajo con un simple desequilibrio: el salto. Si es prematuro, queda fuera de compás; si se ralentiza, pierde vivencia. Es la hora de introducir el arroz, que gracias al cálculo anterior, será en el momento donde falten dieciocho minutos para el consumo total del líquido restante. Antes quedará un grano pasado; después, crudo.

Por fin parece que lo más complicado ha pasado. El salto salió bien equilibrado y técnicamente correcto. No por ello la relajación debe hacer aparición. El arroz está en su sitio, pero deberemos ser vigilantes con el fuego que deberá dar tal poder calorífico para adecuar la llama en los primeros diez minutos y retirarla con suavidad y hacia los bordes en los últimos ocho.

Llegamos al final de nuestro ejercicio. Todo dentro de un orden y atención continua. Solo nos queda volver al inicio, saludar y cerrar así el inicial círculo abierto. Retiraremos del fuego la paella para dejarla reposar unos minutos y asentar mejor el grano.

Toda esta ceremonia, KATA y paella, parece haberse desarrollado de forma sistemática y normativizada. Sin embargo, en cada uno de los pasos mentados, en cada acción ejecutada, la inspiración de ese momento será junto con nuestro espíritu, las directrices que habrán obrado para tal magna ejecución, de forma que karateca y KATA sean uno; cocinero y paella, igual cosa.

Y de este modo, saldremos del tatami con la misma solemnidad y satisfacción que presentaremos nuestro plato a los llamados a la mesa.

Ahora queda disfrutar de esa sensación de haber hecho bien las cosas.

Este es mi KATA en Valencia. ¿Cuál es el tuyo?.

 

Daniel Tchey

6º dan RFEK.




Examen Rokudan Daniel Tchey

Presentación del ejercicio práctico basado en el bunkai de Sochin aplicado a una tercera persona con inferioridad física, siguiendo la línea de la tesina aportada y aludiendo al concepto de PROTECCIÓN.

Realizado por Daniel Tchey para la obtención del 6º dan a través del Tribunal Nacional de Jueces de la Real Federación Española de Karate.

Celebrado en Cheste el 14 de diciembre de 2019. Asistentes: Álvaro Benita y Alma Tchey.

Descargar Tesina Rokudan:  Descargar

Desarrollo gráfico del ejercicio práctico:

     




KARATE o KARATE-DO

KARATE  o  KARATE-DO

Tiempo atrás, donde la vida de una persona pendía de un instante, donde cada día podía ser el último, donde era cotidiano asaltos, pugnas y guerras, el KARATE se utilizó como un sistema de autodefensa para tener alguna opción entre la vida y la muerte.

Con el paso de los años, la sociedad ha evolucionado y las circunstancias que nos rodean han dejado de ser tan violentas. El KARATE paralelamente evolucionó, adaptándose a las necesidades actuales de esta sociedad y quiso añadirle el sufijo DO que representaría el camino, la guía, un modo de vida.

Así es como el KARATE, arte marcial utilizado para mantenerse con vida, se convierte en un arte marcial que añade valores éticos y morales; que busca una conducta en sus practicantes y una mejora en la formación de su carácter.

Ese sufijo significa tantas cosas que sería imposible enumerarlas todas sin dejarnos alguna en el tintero.

De entre todas, hay una que especialmente tengo predilección por resaltar. Un concepto que marca una línea divisoria entre el KARATE y el KARATE-DO. Me refiero al PERDÓN.

En KARATE no cabe el perdón, pues de ello depende dar una segunda oportunidad a tu enemigo. De ello depende tu vida y la de tu familia. Perdonar era sinónimo de debilidad y en esos tiempos revueltos, no se podían tener flaquezas.

Hoy día, el KARATE-DO nos enseña a respetar, a ser mejores personas, a comprometernos…

El perdón no es olvidar, sino dar una segunda oportunidad a nuestro prójimo, quien verá un gesto de humildad y humanidad por nuestra parte. Es demostrar que en la vida todos podemos equivocarnos y no por ello debemos sentenciar. No somos jueces; no somos verdugos. Somos compañeros de un camino que recorremos juntos, debiendo ayudar al necesitado así como a quien yerra en sus acciones.

Quien perdona agranda su corazón y eso le hace crecer como persona.

El perdón es pasar página para volver a empezar. Es volver a dar vida.

 

Autor: sensei Daniel Tchey            Descargar

 




Goshin 4º dan por Javier Lázaro

Ejercicio de Defensa Personal que Javier Lázaro preparó para su examen 4º dan. Ukes: Fernando Catalán y Carlos Moltó.




Enpi Bunkai por Javier Lázaro

Una visión personal del bunkai de Enpi por parte de Javier Lázaro.




Ejercicio Sincronización Kata Equipo

Un ejercicio basado en realizar una serie de técnicas preestablecidas frente a un compañero. Uno las realiza a máxima velocidad y el otro debe ejercitar su reacción visual y ejecutarla con la mayor rapidez para llegar ambos a la vez.

Autores: Carlos Moltó realiza el inicio de la técnica y Daniel Tchey debe reaccionar al mismo tiempo.




Renzoku Waza