PLURIDIMENSIONALISMO DEL KARATE-GOSHIN-DO

El Karate ha pasado desde sus inicios por diversas fases donde bien algunos pueden pensar que ha sido desvirtuado, mientras otros entienden una amplitud que nos ofrece mayor diversidad.

No es cuestión de juzgar en este artículo ni mostrar preferencia alguna, si bien considerar que sus orígenes fundamentaron esta práctica con el fin de la autodefensa. Cabe pensar en aquellos tiempos donde las continuas guerras y enfrentamientos daban poco valor a la vida ajena, y la separación entre la vida y la muerte, apenas distaba de una simple actitud, opinión, pensamiento o acto reflejo.

Eran momentos delicados donde primaba la supervivencia antes que la acción ofensiva; y digo esto porque el practicante de Karate, debía saber defender antes que atacar.

Go tiene el significado de defender, mientras que Shin hace referencia al cuerpo humano como materia. El sufijo Do nos muestra la vía para llegar a ese objetivo.

Al unir todos los conceptos, obtenemos el Karate-Goshin-Do, es decir, el camino de la autodefensa con las manos vacías.

Entendiendo este concepto, es fácil comprender que los maestros prefiriesen enseñar prioritariamente las técnicas de defensa antes que las de ataque, pues de este modo salvaguardan en un mayor porcentaje sus puntos vitales, intentando arriesgar en combate lo mínimo posible, ya que cualquier error se pagará con la vida.

Dichas defensas deberán convertirse en ataques y mermar las capacidades del contrario. De este modo, podremos inclinar la balanza a nuestro favor para esperar el momento oportuno y asestar el golpe de gracia.

Vemos cierta similitud con el segundo precepto del maestro Gichin Funakoshi que reza “Karate ni sente nashi” 1 (en el Karate no hay un primer ataque), haciendo parábola con el sentido de defensa como primera intención.

Continuando con el hilo del artículo, el artista marcial debía profesionalizarse al máximo en todos los planos del Karate-Goshin-Do, traspasando el umbral del simple aprendiz para entrar en el campo pluridimensional.

La técnica y la condición física quedan en la primera dimensión, donde los pupilos inexpertos comienzan a integrar a base de repeticiones, las técnicas básicas mientras fortalecen su cuerpo. Con tiempo y constancia, podrán adentrarse en una dimensión posterior con el dominio de la distancia (maaï), equilibrio, ritmo y cadencia (hyoshi)2, y posteriormente con la práctica continuada, llegar una última y elevada dimensión del estado mental donde podrán intuir o prever los movimientos del contrario (yomi), de forma que la mente actúe sin frenar al cuerpo; que ambos se complementen y sean uno. En esta dimensión especial se encuentra el sakki (vaticinar con cierta antelación la voluntad o intención de matarte por parte de otro).

Aquí cabe la cita del maestro de la espada Takano Sazaburo: “No ganas después de haber golpeado; golpea después de haber ganado”. Aduce a que tras dominar el maaï, hyoshi y yomi, estás en situación ventajosa; eres el ganador potencial. Es el momento de golpear.

A diferencia de tiempos actuales, donde un error puede subsanarse con estrategias posteriores y donde al acabar el combate, se resetea el marcador para comenzar de cero, aquellos guerreros no tenían cabida en su vocabulario la palabra “error”. Con un descuido podían perder su brazo, y en caso de conseguir aun así la victoria, el siguiente encuentro lo iniciarán con un solo brazo.

Por supuesto queda una última dimensión que es la ideal de la maestría; aquella que consigue la victoria sin combatir. Una actitud (física o mental), un gesto, unas palabras o la simple mirada que obligue al contrario a desestimar su intención de agresión. Algo reservado a unos pocos.

Como curiosidad, mencionar el arte del Muto (mu “sin”, to “espada”), con la finalidad de que un guerrero no puede depender su victoria o derrota de su habilidad con la espada, pues en caso de ser arrebatada, quedaría expuesto a la más cruel de las fatalidades. Será necesario saber luchar a mano desnuda contra la espada, controlar la distancia que favorece al oponente, bloquear severamente su empuñadura en tiempo y forma, y conocer las técnicas de desarme para hacerse con la espada contraria. Vemos aquí la semejanza con el Karate que busca un objetivo afín; sacar partido de una situación desfavorable (en este caso con las manos desnudas o vacías) en lugar de hundirse psicológicamente y dar por perdido el encuentro. Si tuviera que asignarle un calificativo, sin duda sería la resiliencia.

He aquí unas breves pinceladas del arte del Karate-Goshin-Do que nos hacen entender su proceso de aprendizaje así como cuán dura era la vida y entrenamiento de nuestros ancestros guerreros y cómo debían profundizar en dimensiones ocultas que rozan el misticismo con el propósito de sobrevivir y defender una causa. Un propósito que con la práctica les enriquece y fortalece su interior; su espíritu.

 

  1. Se ha generalizado el sentido de este precepto como el estado de tranquilidad ante una posible agresión, donde inicialmente no debemos participar activamente en un intento de no alentar el grado de violencia, pero sin embargo, debemos permanecer atentos a su posible embestida (zanshin) y llegado el momento, reaccionar con total seguridad, eficacia y garantía de éxito.
  2. No solamente cabe mejorar nuestro maaï o hyoshi, sino que además deberá analizar los del oponente y adaptar los propios según las necesidades en cada momento del combate.

 

Daniel Tchey – 6º Dan RFEK




EL ÁRBOL LEÑADOR

En ocasiones se ha comparado al Karate con los árboles; una fuerte raíz que simboliza la técnica base y su arraigo al arte marcial (KIHON), un poderoso tronco representando el KATA como soporte para el desarrollo del Karate, y unas ramas que se desgranan en otras como es el BUNKAI, que analiza la desconstrucción de cada técnica para su estudio y posibles aplicaciones.

Este tipo de símil forma una bella alegoría que reúne un conjunto de asociaciones metafóricas para ensalzar el concepto del Karate.

Sin embargo, la vasta amplitud del Karate en sus diversas tipologías de docencia, de maestros, de estilos y escuelas, nos enseña que del mismo modo, existen infinidad de árboles catalogados en sus diferentes variedades y familias; y en nuestro deambular por la vida, encontraremos muchos y muy variopintos que debemos observar para saber cómo actuar.

Podemos encontrar árboles con escasa raíz, que quedan a merced del capricho del viento. Son escuálidos y sin fundamento, y a poco que los contemples, puedes cerciorarte de su debilidad. Un árbol con vida limitada que tiene un corto camino a recorrer. Un karate sin DO.

Existen otros cuya única opción es crecer a lo alto. Quieren llegar pronto al cielo y tocar las nubes, pero son árboles sin sombra; más parecidos a un frío poste que a aquello que podemos entender conceptualmente como un árbol. Personas que erróneamente se autodefinen como maestros con estilos de enseñanza deformadas que desean a toda costa progresar sin tener sus pies en la tierra. Anteponen el interés personal al general.

Otros, tristemente a mi pesar, no ofrecen hojas al viandante. Tampoco fruto alguno, pues su tronco está hueco. Nada pueden aportar salvo estar ahí. No dañan pero no sirven.

De todos ellos, hay que cuidarse del más peligroso. Yo le llamo el árbol leñador. Una especie trepadora cuya apariencia es sólida con una copa rebosante de frondoso y verde follaje. Atractivo a la vista. Bello para fotografiarse junto a él. El árbol que todos quisiéramos en nuestro jardín y que enarbola (nunca mejor dicho) la bandera de la honestidad.

Pero hay que conocerlo bien, y el tiempo nos ayuda a descubrir que sus raíces se propagan en el subsuelo, donde nadie puede verlas, en busca de otras metas sin importarle arrasar cultivos y hogares; sin cuestionar si su pretendida expansión traspasa los límites del respeto o del honor.

Suele actuar con alevosía al ganarse la confianza del prójimo, quien baja su guardia y desatiende su zanshin (algo que nunca un artista marcial debe perder pero que en ocasiones lo hace por mostrar su confianza y amistad).

Sus ambiciosas ramas crecen a lo ancho y alto en favor de satisfacer su egocentrismo. Será audaz al introducirse por tu ventana, entrar en tu hogar y enturbiar tu paz. Capaz de asfixiar con sus hojas la libertad y el oxígeno de otros aledaños árboles, compañeros suyos que tuvieron la desgracia de crecer en un lugar cercano. Una invasión a tu privacidad, sin respeto, sin empatía, sin compasión. Un leñador que tala a sus compañeros sin tipo alguno de remordimiento. Todo lo contrario al verdadero sentido del KARATE DO.

Mi consejo es que sigas siendo un buen árbol. No por ello cambies tu esencia; tu YO interior. Dale entre tus ramas, cobijo al ave perdida,  frescor al acalorado visitante y fruto al hambriento paseante amigo.

Puede que algún día crezca cerca de ti uno de estos árboles o bien en tu andanza te cruces con un leñador, pero no deberás dejar de ofrecerle tu sombra, porque al fin y al cabo, tu camino es ser un buen árbol.

Daniel Tchey – 6º Dan RFEK




MÁS ALLÁ DEL KURO OBI

Es cotidiano ver en nuestro alrededor a practicantes que después de algunos años de entrenamiento alcanzan su deseado y reconocido cinto negro. Una meta ansiada por muchos que les representa el triunfo de esa carrera en el Dojo.

Cuántas veces vemos a estos karatecas abandonar su docencia entendiendo haberla finalizado con dicho color. Sin embargo nada más lejos de la realidad.

En el momento que su Sensei les indica que es ahora cuando empieza el camino, y que todo lo anterior fue una puesta a punto para poder iniciarlo, les cambia el rostro con un estado de decepción que aboca a gran mayoría a la rendición. Unas palabras que podrían ser una motivación a la superación y por desgracia en multitud de ocasiones, una barrera a la psicología individual de cada uno.

Aquellos que perseveran en su práctica y estudio, con el tiempo adecuado consiguen nuevos grados que irán sumando. Posiblemente objetivos a alcanzar que satisfacen ese YO insaciable, pero en su esencia, un camino natural a seguir que da sus frutos en los recodos que recorremos.

Una vez alcanzado el Godan, el siguiente paso por su naturaleza es un grado especial; un grado que abre una nueva puerta a la maestría y que así se reconoce con una diferencia en el colorido de su cinto.

De este nuevo estado vamos a tratar, pero antes debemos conocer un poco el origen para entender mejor su evolución.

Sabemos que la etiqueta en el karate viene muy marcada por la experiencia del maestro Gichin Funakosi cuando realizó en 1917 su frustrada primera exhibición en el Butokuden de Kyoto, donde entendió que un arte debía tener orden, metodología y etiqueta. Fue el gran maestro Jigoro Kano quien le mostró un sistema de grados utilizados en Judo y que posteriormente, en 1935 ampliaron con los colores que hoy conocemos. De este arte es de donde el Karate quedó influenciado para su etiqueta y sistema de graduación, y así es como con el tiempo nos ha llegado la escala de rangos desde blanco hasta décimo dan.

Si bien es cierto que en Judo tienen asimilada la cinta roja-blanca desde 6º hasta 8º dan, y la roja para 9º y 10º dan, en Karate vemos que muchos maestros pueden llevarla o no, y tal motivo nos hace pensar que mostrar la oficialidad del cinto queda a merced del individuo en cuestión.

Pero siguiendo el hilo del tema a tratar, una vez llegados a las puertas del Rokudan, ese cambio de color refleja algo más.

Nos remontamos a la bandera conocida por el nombre de Nisshoki (bandera del sol en forma de disco) o Hinomaru (disco solar), que el imperio del Japón estableció en 1870 con fondo blanco y círculo rojo en su centro. Estos colores simbolizan el sol y la luna. Ambos representan el Yang y Yin, el lleno y el vacío; colores muy especiales en la mentalidad nipona.

Anteriormente a esta y basándose en los mismos colores, hubo la que simbolizara el sol naciente durante el periodo Edo (1603-1868) y que hoy día siguen utilizando en su armada como bandera militar. No cabe duda la similitud existente con el grado Rokudan y que más adelante matizaremos.

Nisshoki o Hinomaru

Sol naciente

 

 

Tras ver estas banderas, comprobamos que hay un paralelismo entre el concepto respetuoso hacia la vida (Sol y Luna) como un Todo dentro del círculo, y la bandera que usó la dinastía Ming (1368-1644), donde casualmente figuraban los kanjis de estos elementos. Una curiosidad que se trasladó a Okinawa como símbolo del Meibukan en Goju Ryu y que también en parte utilizó Shito Ryu en su emblema.

Dinastía Ming (Sol-Luna)

Menbu Kai

Shito Ryu

 

Del mismo modo, quedan influenciados por los colores y formas circulares niponas, los emblemas que más adelante tomará el Shotokan, la conocida JKA o nuestra bien amada AEKA por citar algunos ejemplos.

 

Shotokan

JKA

AEKA

 

Después de lo visto, probablemente el cambio de color a partir de Rokudan sea también alentado por el vasto periodo que el cinto negro ha estado colgado en nuestra cintura desde que fuimos Shodan. Un periodo donde el tiempo ha desgastado sus entre hilos y dejado entrever un blanco de fondo al igual que si rascáramos la pintura de un cuadro quedando al descubierto la blancura del lienzo. Es hora de darle un relevo a este colega que nos ha acompañado en miles de horas de entrenamiento y sobre ese aflorado fondo blanco, plasmar pinceladas de rojo; el color del amor y la pasión por este arte; el color del coraje y del fuego; el color de la maestría y el conocimiento.

El rojo es un color muy apreciado en Japón. Atrae la energía y la salud; por eso se le atribuyen poderes curativos.

El blanco tiznado de rojo representa honor y perseverancia en un largo e intenso camino donde la fuerza y voluntad humana han quedado plasmadas. Toda una vida de aprendizaje para formar cuerpo y mente en un solo YO repletos de valores.

Una vez un karateca preguntó a su Sensei: “¿Cuál es la diferencia entre un hombre del Do y un hombre insignificante?”.

Su Sensei le respondió: “Cuando el hombre insignificante recibe el primer Dan, corre rápidamente a su casa gritando a todos el hecho. Después de recibir su segundo Dan, escala el techo de su casa y lo grita a todos. Al obtener el tercer Dan, recorrerá la ciudad contándoselo a cuantas personas encuentre”, y continuando su explicación prosiguió: “Un hombre del Do que recibe su primer Dan, inclinará su cabeza en señal de gratitud; después de recibir su segundo Dan, inclinará su cabeza y sus hombros; y al llegar al tercer Dan, se inclinará hasta la cintura, y en la calle, caminará junto a la pared, para pasar desapercibido. Cuanto más grande sea la experiencia, habilidad y potencia, mayor será también su prudencia y humildad.”

Ahora que entendemos un poco mejor el sentido del rojo sobre el blanco, podremos imaginar la grandeza del AKA OBI, o cinto rojo reservado para deidades a partir del noveno dan.

 

Daniel Tchey

6º dan RFEK




KATA: UN CONCEPTO DIFERENTE

Desde bien iniciados en nuestro andar por el camino del Karate, aprendimos a relacionar el concepto KATA con el significado FORMA, entendiendo tal definición como un conjunto de movimientos técnicos preestablecidos que realizados en una determinada disposición, interpretan la batalla ante uno o varios adversarios imaginarios.

Esta definición, no carente de verdad, ofrece una interpretación a priori que puede satisfacer la curiosidad del iniciado. Sin embargo, KATA es un concepto cuya amplitud se puede transponer a diversas vivencias de nuestro día a día.

KATA es orden. Hemos comentado los movimientos preestablecidos. Así es, ya que la improvisación no está contemplada en la cultura tradicional nipona. Éste es el orden que podemos vislumbrar, sin apartar la vista a la belleza que conlleve el mismo proceder y su establecida ordenación.

KATA es sentimiento. Expresar con nuestras acciones aquello que interiorizamos es abrir la puerta del yo interno para que otros puedan disfrutar lo gestado en la mente y corazón del ejecutor.

KATA es buen hacer. Mezclar orden y sentimiento da por resultado una obra bella, al menos será esa la intención del hacedor; mostrar algo bueno que roce la excelsitud. Trata de convertir en arte lo mundano; lo ordinario.

Podríamos añadir múltiples definiciones que reforzaran la idea que deseo plasmar, sin embargo, creo que éstas son suficientes para entender la dirección que el texto pretende tomar.

Basándonos en las referencias expuestas, bien podríamos extrapolar el KATA a otras artes que me vienen a la mente y que levemente enunciaré algunas como ejemplos:

IKEBANA (arte del arreglo floral), donde se busca una dirección ascendente de sus flores y ramas mientras éstas se agrupan en 3 conjuntos (cielo, tierra y hombre) formando un triángulo escaleno; una ceremonia realizada en el más estricto silencio.

HIAKU (arte de la poesía), compuestas por poemas de 17 sílabas ordenadas en 3 versos de 5, 7 y 5 sílabas respectivamente que hacen referencia a una estación del año.

SHODO (arte de la caligrafía), practicado con un pincel, un tintero y una barra de tinta con necesaria gran precisión para escribir según un orden preestablecido en cada trazo.

SADO (ceremonia del té) que no solo cuida la selección de determinada clase de té, sino que abarca conocimientos de los gestos y posturas adecuadas, vestimenta tradicional, frases que se deben utilizar o forma apropiada para hacer y tomar el té, añadiendo para purificar, agua en el camino que conduce al lugar de celebración donde seguidamente se entrará de rodillas. Todo envuelto en un entrono tranquilo que facilite el espíritu de la ceremonia para unificar los 5 elementos: el metal de la tetera, la madera del carbón, la tierra de la cerámica, el fuego que calienta al agua como último elemento convertido en el objetivo final.

KYUDO (arte del tiro con arco). Presta especial atención a cada momento y cada gesto, desde el material con el que está confeccionado el arco y la flecha, hasta el modo de respiración necesario. Todo ello consecuencia de un repertorio de ejercicios mentales que desembocan en los últimos 8 pasos actuantes: abrir piernas, fijar postura, fijar flecha, elevar arco, estirar cuerda, fijar objetivo, soltar flecha y postura final.

Es indudable que los ejemplos expuestos tratan de ceremonias. Todas ellas y muchas más, son ejemplos de KATAS y tienen comunes denominadores donde la concentración integra el cuerpo con la mente, de forma que la consciencia del YO observador, ese YO que busca la perfección y el cómo, se abstraiga para dejar paso al vacío, despojándose del fin en favor de alcanzar la no-consciencia. Dejar de ser dos objetos opuestos para fundirse en una única realidad. Es así como el buen karateca se convierte en KATA. Es así como el florista se convierte en centro floral, el poeta en poesía, el calígrafo en kanji, la anfitriona en té o el arquero en blanco. Un ejercicio más bien espiritual que físico.

Sin embargo, no es del imperio del sol naciente la exclusividad del KATA tal como lo hemos presentado. Lo tenemos alrededor nuestro y seremos nosotros mismos quienes tendremos la opción de transformar lo cotidiano en arte, lo informal en solemnidad, lo habitual en extraordinario.

Por poner un ejemplo aclaratorio, el proceso de levantarse por la mañana hasta que salimos de casa para dirigirnos al trabajo, bien podría considerarse una ejecución de KATA si cada día realizamos las mismas pautas y con el mismo proceder: levantarnos, afeitarnos, ducharnos, vestirnos, desayunar, coger las llaves y portafolios, salir de casa.

Cambiando de tercio, hablo ahora en primera persona por expresar mis propias vivencias y emociones, y equiparar aquí el concepto KATA que tanto he ingerido en mi vida como karateca, con otras facetas de las que plenamente disfruto.

He nacido en Valencia, y a mis 53 años continúo amando mi tierra, su olor de azahar y luz mediterránea. Amo sus costumbres y tradiciones, y sin intención alguna de frivolizar, la paella. Hasta tal punto que un día decidí aprender el modo de hacer una paella tradicional a leña. Dicen, que en el mundo de las paellas, es la más complicada de realizar y fue ese un reto que me invitó a gestar esta empresa.

Para iniciar un KATA (me refiero ahora al arte del Karate), se debe serenar el alma, pues de ello dependerán los movimientos y técnicas que se realicen a continuación, los cuales expresarán a ojo del buen entendedor, tu estado de ánimo. El inicio de la paella requiere afrontar con serenidad la responsabilidad de contentar a los comensales con paladares exquisitos, y será necesario calmar tu interior para proceder a la acción.

La etiqueta es fundamental. Arréglate bien el karategi, tu obi deberá presentar un correcto anudado, tus cabellos limpios y bien peinados, tus manos y pies en perfecto aseo. Así procederemos con el recipiente metálico, limpio, equilibrado y sudado en aceite de oliva, troceada la carne y verdura en tamaños idóneos para su cocción, tomate fresco en pulpa rallado, arroz especial,  agua calcárea en proporción 4 a 1 respecto al arroz, delantal culinario planchado, útiles y leña colocados en adecuado lugar.

Entramos en el tatami y con solemnidad nos colocamos en espacio correcto para no interrumpir el embusen; en musubi dachi realizaremos el saludo inicial. El aceite de oliva sobre el recipiente a dos tercios de la orilla. Salpicar el borde con sal para evitar quemar el recipiente. La leña estará dispuesta. Las cortas que prendan fácil, debajo, y sobre ellas alguna de naranjo más gruesa de la que obtengamos un fuego uniforme. Comienza a arder y el aceite a calentar.

Iniciamos los primeros movimientos, las primeras técnicas, unas pausadas con suaves ritmos respiratorios, como el lento y paciente sofrito de carne; verduras que acompasan después; tomate y pimentón que doran el espectáculo. Otras vivaces, con potentes desplazamientos y explosividad sin parangón que nos llevarán al kiai y podremos liberar tensión que aportará un momento de desahogo. Es la hora de cambiar de llama. Introducir maderos de fácil combustión que eleven la temperatura, que hagan gritar los elementos introducidos para sacarles su ki. Y entonces el agua vendrá y acallará esos sonidos de efusión para volver a la paz.

Pero el KATA continúa, y después del corto pero intenso kiai, viene otra avalancha de técnicas. El fuego se aviva y el agua comienza a bullir. La verdura salta y el azafrán se une a la fiesta.

Nuevos ritmos en el KATA obligan a bajar intensidad, moderar movimientos y así se reduce el nivel del agua mientras mezclan sus sabores los presentes del caldero.

Medimos bien nuestras fuerzas para que la ejecución no decaiga en su transcurso y calculamos simultáneamente el agua restante dejando evaporar solamente una cuarta parte de la introducida.

Llega el momento crucial. Todo puede venirse abajo con un simple desequilibrio: el salto. Si es prematuro, queda fuera de compás; si se ralentiza, pierde vivencia. Es la hora de introducir el arroz, que gracias al cálculo anterior, será en el momento donde falten dieciocho minutos para el consumo total del líquido restante. Antes quedará un grano pasado; después, crudo.

Por fin parece que lo más complicado ha pasado. El salto salió bien equilibrado y técnicamente correcto. No por ello la relajación debe hacer aparición. El arroz está en su sitio, pero deberemos ser vigilantes con el fuego que deberá dar tal poder calorífico para adecuar la llama en los primeros diez minutos y retirarla con suavidad y hacia los bordes en los últimos ocho.

Llegamos al final de nuestro ejercicio. Todo dentro de un orden y atención continua. Solo nos queda volver al inicio, saludar y cerrar así el inicial círculo abierto. Retiraremos del fuego la paella para dejarla reposar unos minutos y asentar mejor el grano.

Toda esta ceremonia, KATA y paella, parece haberse desarrollado de forma sistemática y normativizada. Sin embargo, en cada uno de los pasos mentados, en cada acción ejecutada, la inspiración de ese momento será junto con nuestro espíritu, las directrices que habrán obrado para tal magna ejecución, de forma que karateca y KATA sean uno; cocinero y paella, igual cosa.

Y de este modo, saldremos del tatami con la misma solemnidad y satisfacción que presentaremos nuestro plato a los llamados a la mesa.

Ahora queda disfrutar de esa sensación de haber hecho bien las cosas.

Este es mi KATA en Valencia. ¿Cuál es el tuyo?.

 

Daniel Tchey

6º dan RFEK.




KARATE o KARATE-DO

KARATE  o  KARATE-DO

Tiempo atrás, donde la vida de una persona pendía de un instante, donde cada día podía ser el último, donde era cotidiano asaltos, pugnas y guerras, el KARATE se utilizó como un sistema de autodefensa para tener alguna opción entre la vida y la muerte.

Con el paso de los años, la sociedad ha evolucionado y las circunstancias que nos rodean han dejado de ser tan violentas. El KARATE paralelamente evolucionó, adaptándose a las necesidades actuales de esta sociedad y quiso añadirle el sufijo DO que representaría el camino, la guía, un modo de vida.

Así es como el KARATE, arte marcial utilizado para mantenerse con vida, se convierte en un arte marcial que añade valores éticos y morales; que busca una conducta en sus practicantes y una mejora en la formación de su carácter.

Ese sufijo significa tantas cosas que sería imposible enumerarlas todas sin dejarnos alguna en el tintero.

De entre todas, hay una que especialmente tengo predilección por resaltar. Un concepto que marca una línea divisoria entre el KARATE y el KARATE-DO. Me refiero al PERDÓN.

En KARATE no cabe el perdón, pues de ello depende dar una segunda oportunidad a tu enemigo. De ello depende tu vida y la de tu familia. Perdonar era sinónimo de debilidad y en esos tiempos revueltos, no se podían tener flaquezas.

Hoy día, el KARATE-DO nos enseña a respetar, a ser mejores personas, a comprometernos…

El perdón no es olvidar, sino dar una segunda oportunidad a nuestro prójimo, quien verá un gesto de humildad y humanidad por nuestra parte. Es demostrar que en la vida todos podemos equivocarnos y no por ello debemos sentenciar. No somos jueces; no somos verdugos. Somos compañeros de un camino que recorremos juntos, debiendo ayudar al necesitado así como a quien yerra en sus acciones.

Quien perdona agranda su corazón y eso le hace crecer como persona.

El perdón es pasar página para volver a empezar. Es volver a dar vida.

 

Autor: sensei Daniel Tchey            Descargar

 




EVOLUCIÓN DEL FUDO DACHI

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El KARATEGI . Un símbolo de valores.

El KARATEGI. Un símbolo de valores.

Corría el año 1917 cuando el maestro Gichin Funakoshi realizó su primera exhibición en el Butoku-Den de Kioto (Japón). Sin suscitar un notable interés, se volvió a su isla donde analizó los motivos de aquel evento que no terminó de cuajar entre los japoneses.

El pueblo nipón era y sigue siendo muy amante de la etiqueta, y uno de los puntos que desagradó en aquel encuentro fue la falta de indumentaria “oficial”; un aspecto que el maestro Jigoro Kano le hizo entender ofreciéndole un judogi como prenda más acorde para la práctica del Karate.

Así fue como el Karate introdujo, gracias al Judo, su vestimenta y su correlación de grados a través de los cintos, y fue de este modo que el karategi empezó a formar parte de cada sesión de entrenamiento.

Compuesto por pantalón y chaqueta, se le añade el cinto que simboliza según su color, el grado alcanzado.

Por otro lado, el Karate-Do, engloba una serie de valores éticos y morales que hacen de este arte, un modo de vida. Sería difícil cuestión elegir un valor que pueda representar al Karate-Do. Personalmente y sin menospreciar otros, si tuviera que elegir tres, me quedaría con el respeto, la humildad y el honor.

El respeto hacia todo lo que nos rodea y a todo lo que la naturaleza abarque. Algo crucial para convivir con armonía. Un camino de paz.

La humildad, sin la cual caeríamos en el pozo de la arrogancia y del egocentrismo y de donde difícilmente se puede salir. Evitar alardeos y presunciones nos acerca a nuestros prójimos que verán a un ser de igual a igual.

El honor. Un concepto que engloba compromiso, responsabilidad, deber, lealtad, integridad. Es firmar tus acciones con tu palabra, al igual que el verdadero samurai cuando solamente con decir que iba a realizar algo, ese algo ya se tenía considerado por hecho.

Tres valores que bien podemos relacionarlos y representarlos con nuestra vestimenta “oficial” y que vamos a detallar a continuación:

  • El pantalón (zubon). Es la representación material del respeto, ya que cubre a la vista de los demás, nuestras partes más íntimas que precisamente por respeto al prójimo, no debemos mostrar arbitrariamente.
  • La chaqueta (uwagi). Podría bien simbolizar la humildad al esconder y evitar hacer alarde de musculosos pectorales, marcados abdominales o una saludable condición física en general. Cubrir nuestro torso, hace pasar por alto nuestra fortaleza física en un intento de evitar cualquier tipo de provocación, altanería o demostración de superioridad; humildad al fin y al cabo.
  • El cinto (obi). Debe considerarse como un certificado de garantía sobre el nivel técnico adquirido y los valores humanos desarrollados. Llevar sobre las caderas el cinto negro, debería ser sinónimo de poseer dichos valores; valores que se han ido consolidando tras cada sesión de entrenamiento, tras cada gota de sudor, tras cada segundo de superación. Todo un honor, poder llevar este cinto y poseer un carácter tan íntegro.

Por tanto, y para no olvidar estos valores, bien podríamos reflexionar al inicio de cada sesión, y cuando nos colocamos el pantalón, pensar en engrosar y expandir nuestro respeto a todo lo que nos rodea; al atarnos las cinchas de la chaqueta, prestar atención a reforzar nuestra humildad para seguir aprendiendo en nuestro inagotable camino, y por supuesto, cada vez que anudamos el cinto, debemos sentir el honor de pertenecer a esta gran familia de karatecas. Ahora estamos preparados para abordar una nueva sesión.

Una vez que finalizamos nuestra sesión de entrenamiento, y precisamente en orden inverso al expuesto anteriormente, nos despojaremos del karategi y deberemos entender que el Karate no es exclusivo del Dojo, sino que es nuestra obligación llevarlo a buen término en cada momento y lugar de cada día. Por eso, al finalizar el cuidadoso plegado del pantalón, de la chaqueta y de nuestro apreciado cinto, deberemos alzar la vista, mirar al frente y con paso firme seguir practicando Karate.

karategi picanyaEsta ha sido una visión personal del karate, sus valores y su simbología representada en el karategi, la cual no intenta desmerecer ni contradecir cualquier otra opinión o versión al respecto.

 

Sensei Daniel Tchey – 6º dan RFEK

 

 




TONIFICACIÓN MUSCULAR

30 MINUTOS POR SESIÓN

Este estudio se elabora a partir de la necesidad de optimizar nuestro escaso tiempo libre dedicado al entrenamiento y su objetivo pretende la tonificación general de nuestra
musculatura.

No se pretende un aumento del volumen, desestimando por completo cualquier ejercicio que provoque atrofia muscular. Los ejercicios son aptos para cualquier edad, sexo y condición física, con la única
salvedad de aquellos que tengan algún problema cardiovascular. Las rutinas que a continuación se exponen, se deberán realizar con una carga liviana entre el 50 y 60% de nuestra Carga Máxima (CM = 100% de nuestra fuerza). Los ejercicios se desarrollarán con una elevada intensidad (velocidad de extensión/contracción aproximada = 1 repetición x segundo) y con cortos periodos de descanso.
La respiración también juega un importante papel, ya que convertiremos nuestras rutinas en ejercicios aeróbicos o anaeróbicos. Ambos son convenientes y por ello se detalla cada opción:
Aeróbicos. A cada repetición (extensión/contracción) le corresponde un ciclo completo de inspiración/expiración. De esta forma, se incrementa el volumen de oxígeno a los músculos, ayudando a aumentar el volumen del corazón y beneficiándonos en un futuro con un esfuerzo menor para un mismo ejercicio aeróbico ya se se aporta la misma cantidad de oxígeno con un menor número de
pulsaciones.
Anaeróbicos. Con un ciclo completo de inspiración/expiración, se realizan varias repeticiones (entre 3 y 5 es lo conveniente). El aporte de oxígeno es menor y el corazón está obligado a bombearlo con mayor potencia. Se refuerza la pared muscular del corazón, lo que nos permite tener una capacidad superior de riego sanguíneo con el mismo número de pulsaciones, aconsejable ante situaciones
que requieran un esfuerzo físico explosivo.

En cada sesión se dará especial atención a uno de los grandes grupos musculares (pectoral, dorsal, deltoides, pierna), siendo el resto, por su condición sinergista, trabajados en un segundo plano.
Según lo citado anteriormente, cada rutina se compone de 6 ejercicios. Tres corresponden a los grandes grupos musculares, dos pertenecen a músculos secundarios y el restante sirve de refuerzo o recordatorio de otro músculo importante (en nuestro caso será la pierna).

Por norma general, cada sesión se divide en tres fases:
FASE 1. Compuesta por 4 ciclos de 4 ejercicios cada uno (2 gran grupo, 1 secundarios, 1 refuerzo). No existe descanso intermedio entre cada ejercicio. Al finalizar cada ciclo, se descansan 30 segundos (los necesarios para beber un trago de agua e hidratar el cuerpo. Muy importante).
FASE 2. Compuesta por 4 ciclos de 2 ejercicios cada uno (1 gran grupo y 1 secundario). No existe descanso intermedio entre ciclos.
FASE 3 Aeróbica. Realizaremos 15 minutos de ejercicio aeróbico (abdominales, lumbares, cinta, elíptica, bicicleta estática, etc.).
En las tablas a continuación se indicará los grupos musculares a trabajar sin especificar el tipo de ejercicio, dejándolo a criterio del practicante, que deberá variarlos con el tiempo (principio de la variedad). Para ello, se adjunta anexo con algunos ejemplos de cada ejercicio.
Por último, indicar que el número de sesiones recomendable a practicar cada semana serán entre tres y cinco. Se expone a continuación dos rutinas: una de 3 y otra de 4 sesiones semanales. En caso de no poder llegar al mínimo, se empleará de forma cíclica la rutina de 3 días. Para quienes deseen entrenar cinco o más días a la semana, se deberá emplear de forma cíclica la rutina de 4 días.

IMPORTANTE: si no llegáis a finalizar en el tiempo establecido es debido a que lleváis una carga superior a la debida o bien que la velocidad de cada repetición es demasiado pausada. Para facilitaros los cambios de ejercicios, escoged en cada FASE aquellos que estén próximos físicamente con el fin de no perder tiempo entre cada cambio, evitando así una recuperación no deseada.

RUTINA 3 DÍAS

DÍA 1

– FASE 1
o Pectoral 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Bíceps 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Pectoral 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Pierna 20 repeticiones (unos 20 seg)
La duración de la FASE 1 es aproximadamente 1 minuto y 40 segundos
teniendo en cuenta los tiempos muertos en los cambios de ejercicios.
Al finalizar la FASE 1, esperamos 30 segundos de descanso (necesario
para una rápida hidratación) y repetiremos la FASE 1 hasta un total de 4
rondas. Al finalizar las 4 rondas, habrá 1 minuto de descanso. Duración
total: unos 9 minutos incluido el descanso final de 1 minuto. (Igual para
todas las FASE 1 de cada DÍA).
– FASE 2
o Pectoral 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Bíceps 15 repeticiones (unos 15 seg)
Al finalizar, sin efectuar descanso, repetir la FASE 2 hasta un total de 4
rondas. Al finalizar las 4 rondas, habrá 1 minuto de descanso. Duración
total: menos de 3 minutos incluidos los tiempos muertos en los cambios
de ejercicios y el descanso final de 1 minuto. (Igual para todas las FASE 2
de cada DÍA).
– FASE 3
o Carrera en cinta 15 minutos. Mínimo 8,5 km/h.

DÍA 2

– FASE 1
o Dorsal 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Tríceps 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Dorsal 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Pierna 20 repeticiones (unos 20 seg)
– FASE 2
o Dorsal 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Tríceps 15 repeticiones (unos 15 seg)
– FASE 3
o Series entre 50 a 100 repeticiones de abdominales y lumbares
alternativamente durante 15 minutos.

DÍA 3

– FASE 1
o Deltoides 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Pierna 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Deltoides 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Pierna 20 repeticiones (unos 20 seg)
– FASE 2
o Deltoides 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Pierna 15 repeticiones (unos 15 seg)
– FASE 3
o Elíptica o bicicleta estática 15 minutos. Mínimo 80 ciclos x minuto.

RUTINA 4 DÍAS

Los DÍAS 1 y 2 serán idénticos a la RUTINA 3 DÍAS.

DÍA 3

– FASE 1
o Pierna 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Pectoral 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Pierna 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Dorsal 20 repeticiones (unos 20 seg)
– FASE 2
o Deltoides 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Pectoral 15 repeticiones (unos 15 seg)
– FASE 3
o Elíptica o bicicleta estática 15 minutos. Mínimo 80 ciclos x minuto.

DÍA 4

– FASE 1
o Deltoides 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Dorsal 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Deltoides 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Pierna 20 repeticiones (unos 20 seg)
– FASE 2
o Deltoides 15 repeticiones (unos 15 seg)
o Dorsal 15 repeticiones (unos 15 seg)
– FASE 3
o Series entre 50 a 100 repeticiones de abdominales y lumbares
alternativamente durante 15 minutos.

Con el fin de no acostumbrar al músculo a los mismos movimientos, iremos variando algunos de los ejercicios de cada músculo cada vez que repetimos un DÍA.
También será aconsejable cada 5 semanas intercalar una rutina que contenga parámetros de actuación diferentes. Para no complicar demasiado nuestra rutina, lo resumiremos con la siguiente explicación:
Comenzamos nuestro entrenamiento durante 4 semanas con la rutina elegida (de 3 ó 4 sesiones). En la semana 5, realizamos la rutina de 3 sesiones con la siguiente modificación: la FASE 1 será sustituida por dos FASES 2 independientes entre sí, de tal forma que en dicha semana trabajemos en cada sesión tres veces la FASE 2 (variando los ejercicios en cada FASE). El DIA 1 trabajaremos pectoral y bíceps, el DÍA 2 dorsal y tríceps y el DÍA 3 deltoides y pierna. Finalizadas estas 3 sesiones, volveremos a comenzar durante 4 semanas la rutina inicial de 3 ó 4 sesiones.

VÍDEO DEMOSTRATIVO FASE 1 VÍDEO DEMOSTRATIVO FASE 2

 

EJEMPLOS DE EJERCICIOS (INICIO Y FINAL DE MOVIMIENTO)

AEROBICOS

BICEPS

DELTOIDES

DORSAL

PECTORAL

PIERNA

  TRICEPS

 



Fisiología del Sistema Respiratorio

Jose Mª Illán, doctor en medicina y 6º dan de karate

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Nutrición en Deportes de Fuerza

Jose Mª Illán, doctor en medicina y 6º dan de karate

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